Clase 5 | Crónica y tramas

Los ojos azules bien abiertos

Una noche de enero de 2015, Cristian Pilotti agarró a su novia del cuello, le gritó que era una puta, que la iba a matar y la golpeó en la cabeza hasta dejarla inconsciente. La justicia lo consideró “tentativa de femicidio”. Con las resonancias del #NiUnaMenos todavía en el aire, crónica de una historia de violencia machista.

Vicky está contra la pared de la habitación de Cristian y no podrá escapar. Los ojos azules bien abiertos por el miedo. El pedido, el ruego para que hablen no alcanzarán a tapar los gritos, las amenazas. Tampoco su mano de mujer delgada. Por más que la estire y trate de doblar el brazo de su novio. No podrá con ese caño trabajado en años de gimnasio ni con la mano como tenaza que la sostiene del cuello. Ni con la otra, ya puño que se estrella contra sus pómulos, sus labios, sus mejillas.

Los golpes podían llegar si Vicky saludaba a alguien y no lo presentaba. Si entraba a un Facebook de otro hombre. Si se ponía una minifalda o un jean. Si se maquillaba mucho, poco o iba a cara lavada. Siempre le echaba la culpa. Siempre los celos, la desconfianza de Cristian.

Aquella noche, después de siete años de relación, Cristian le revisó el celular. Encontró un mensaje de alguien que le decía a su novia que era una reina y debía ser tratada como tal. Ella contestaba que estaba bien y elegía estar con él. Pero no alcanzó.
—Hay cosas que tengo tapadas —dice Vicky para explicar que esas situaciones eran normales en la relación y de muchas ya no se acuerda.

Hay cosas que tiene tapadas. Se acostumbró: un buen maquillaje para los pómulos morados; hielo para la hinchazón en los labios; el pelo como una cortina para las marcas en el cuello. O decir, como le dijo un día de ojo morado a su mamá, que Cristian le había dado un codazo cuando abrió la ventana.

El 21 de agosto de 1989 Alejandra y Roberto tuvieron a su tercera hija en Rosario. Victoria Montenegro llegó veintitrés meses después que las mellizas Fernanda y Soledad. A los dos años, la familia se mudó a Mar del Plata. Siempre vivieron en San José, un barrio de clase media trabajadora. Ahí, en 1997 nacieron los más chicos de la familia: Eugenia y Rodrigo, también mellizos.

Vicky andaba de acá para allá con sus hermanas más grandes. Uno de los juegos favoritos era con las barbies. Tenían varias y hasta les habían regalado la casita para esas muñecas. Las peinaban, las cambiaban y a veces les inventaban alguna historia. (…)
La naturaleza le gustaba desde chica. El jardín y parte de la primaria los hizo en el colegio Albert Schweitzer y, cada año, los llevaban de campamento. La escuela le encantaba y Alejandra todavía lamenta que en cuarto grado tuvieron que cambiarla a la número 20 porque ya no podían pagarla. (…)

El Polivalente de Arte era el colegio de Fernanda y Soledad y el que eligió Vicky para hacer el secundario. A la mañana tenía clases y a la tarde danza. Dos años después no soportó más. La danza no era lo que esperaba y no había diferencia entre la doble escolaridad y leer un libro de mil páginas. Terminó cambiándose al Federico Leloir. (…)

Durante toda esa época, Vicky se imaginaba una tarde de verano en la playa. El cielo enrojecido del atardecer. El mar oscuro pero azul apenas con unas ondas sin ganas de ser olas. Ella, vestido blanco, del brazo de su padre. La gente de pie a los costados de un camino para que la novia llegara al altar y al novio que la esperaba junto al cura. El sí, acepto y después una fiesta de dos días.

El Cristian del principio -como lo llama Vicky ahora- se parecía al novio de ese sueño. Era compañero, contenedor, la entendía y aconsejaba. Las salidas eran muchas y variadas: pasaban el día en la playa, se iban a Santa Clara o Miramar, tomaban mate en la Costa, iban al cine, a bailar y organizaban campamentos. Lo que ella proponía siempre estaba bien. Tenía todo lo que Vicky esperaba para enamorarse. Pero le cuesta recordar esa etapa. A Fernanda no.

El abuelo materno era uno más en la casa. Siempre vivió a pocas cuadras y lo veían todos los días. Para Fernanda y las hermanas era el amor de sus vidas: un padre. No llegaba a los 70 años y tenía soriasis. Un día de marzo de 2009 fue a la clínica para hacer un tratamiento de la enfermedad pero le inyectaron mal un medicamento y murió a los tres días.

Cristian no se movió de al lado de Vicky. La acompañó al velorio, a la casa, al entierro. Preguntaba si alguien de la familia necesitaba algo y no se olvidaba de decirle a su novia que todo iba a estar bien.

Ahora, Vicky no puede explicar en qué momento cambió la relación. Fernanda cree que sí. Se acuerda la primera vez que lo vio violento: hacía más o menos un año que salían. Vicky llevaba un vestido color crudo, la cara apenas maquillada, el pelo suelto. Tomaban una cerveza en la casa y al rato llegó Cristian que la venía a buscar para salir.

Él y Fernanda estaban sentados a la mesa rectangular del comedor de paredes blancas sin ningún cuadro. Vicky se fue a la pieza y volvió con un short y una remera. Preguntó cómo le quedaba. Fernanda le dijo que bárbaro. Cristian estaba atrás suyo: lo escuchaba pero no podía ver las señas que hacía y dijo que estaba de acuerdo pero a su hermana se le transformó la cara. Se fue y cinco minutos más tarde volvió con un pantalón y camisa escocesa. Para Fernanda también le iba bien. Cristian opinó lo mismo. Vicky miró al suelo y volvió a la habitación a cambiarse otra vez.

Fernanda fue al baño. Salió y desde el pasillo que da a la habitación escuchó a Cristian diciéndole a Vicky que con short, pollera o jean era igual:

—A mí me chupa un huevo lo que te pongas: siempre vas a ser una puta.
Vicky vio que el puntero del mouse se movía solo aunque hacía unos minutos que nadie tocaba la computadora. La flecha fue hasta el zócalo de la pantalla, se posó en el ícono del Messenger y lo abrió. Ella se sentó en el escritorio y agarró el mouse. El puntero se detuvo.

A los dos días, el técnico que revisó el CPU descartó un virus o cualquier otra falla. Pero Vicky no estaba loca: alguien manejaba el puntero desde otra computadora. Era Cristian que había instalado un programa espía. Podía ver con quien chateaba, las páginas a las que entraba y hasta los trabajos que hacía para el profesorado de maestra jardinera. (…)

La relación con Cristian llevaba más de dos años y no era como al principio. Cuando iban a bailar o al cine pasaba algo que disparaba los celos de él. Igual que cuando estaban con el grupo de amigos de Vicky. Su novio siempre se enojaba. Sobre todo si alguno de los chicos la miraba, le hablaba o se reía y ella se empezó a distanciar. Sus amigos le hablaron, le pidieron que no se aleje pero después la dejaron ir.

(…)Todo empieza con la etapa de acumulación de tensión. El hombre vive enojado, indiferente, es dueño de silencios que duran horas. Si la mujer pregunta qué le pasa, responde que nada, que es ella que está muy sensible. Tiene demandas irrazonables o manipuladoras: si hay lasaña para la cena, su mujer debió imaginar que él quería comer pollo. Las palabras, los gestos, las opiniones que valen son las suyas. Él es la autoridad. La mujer se pregunta en qué falla. Siente culpa, angustia, confusión. Hace lo imposible para calmarlo aunque nunca alcanza.

La tensión aumenta hasta que estalla. Llega la etapa de explosión violenta. O sea los insultos, amenazas, golpes. Tras el dolor, la mujer se siente culpable, ansiosa y tiene miedo. Aprende que el poder es exclusivo del hombre.

La tercera etapa es la luna de miel. El hombre llora. Pide perdón. Admite que estuvo mal. Promete cambiar y le pide a la mujer que lo ayude. Hace lo que sea para que lo acepte de nuevo. Incluso deja que ella crea que, ahora, el poder es suyo. Cuando empieza a ejercerlo, él siente que pierde el control y quiere retomarlo: el círculo vuelve a empezar. Funciona como un espiral: las etapas son cada vez más cortas y la violencia más intensa.

Fuente: http://www.revistaajo.com.ar/notas/3688-los-ojos-azules-bien-abiertos.html

Tramas

Busca la definición de tramas textuales:

  1. narrativa
  2. descriptiva
  3. conversacional
  4. argumentativa
  5. explicativa

Actividades

1. Contestar las seis preguntas básicas de toda noticia: ¿qué pasó? ¿a quiénes? ¿cuándo? ¿dónde? ¿cómo? ¿para qué o por qué?
2. Transcribir una tramas narrativa de Cristian y otra sobre Victoria. Subrayar diez verbos.
3. Transcribir una tramas que describa a Cristian y otra, a Victoria. Subraya veinte sustantivos y adjetivos. Distingue uno de otro.
4, Transcribir la descripción de un paisaje: señala verbos, sustantivos y adjetivos.
5. Transcribi un ejemplo de trama conversacional y otra explicativa.

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